Tardes de Bavaria

11 agosto 2010

Imaginate en un tren alemán. Estas en los Dos Miles de los siglos occidentales. Estás yendo al sur de Alemania, en la región de Baviera. Silencio. El de tus vecinos de asiento y el del traca traca o el chu chúuu que ya no gritarán locomotoras ni niños. Vos venís de tararear No parlo americano en los trenes de Berlin, con una mujer de vincha de lentejuelas y anteojos esfumados. Y en vez de la chica de negro – con collar de pinchos de metal, llevada por su amiga con una correa cual perro – te mira ahora desde el otro asiento un rubio correcto, que lee un libro de economía y se distrae con el Astor Piazzola de tu netbook.

Silencio. Silencio. Porque estás entrando en la atmósfera propia de esas historias de castillos, casas y puentes medievales. Cuando te contaban sobre príncipes, dragones e incluso caperucita roja. Estás entrando en la región de Baviera, la misma de Sissí emperatriz (Isabel de Baviera).

Llegás a la ciudad de Bamberg y cada día te da la sensación de pasar la página de un libro de cuentos. Sus calles, canales, flores y puentes; y vos perdiendo tus pasos en sus adoquines, sus parques verdes con lagos y patos, sus casas medievales. A diferencia de Berlín, Bamberg no fue bombardeada durante la guerra, así que mantiene todavía sus aires ancestrales. Imperdible es visitar también su catedral, vieja, tanto como las historias eternizadas en sus paredes.

Bamberg… la ciudad ideal para muchos alemanes y tuistas; la ciudad de las siete colinas y la de nueve cervecerías. Ahí estás, respirando la tarde en un jardín de rosas, con dos viejitos que gastan un banco, con Christina, una buena amiga alemana que conociste en Camboya.

Y como si fuera poco, te vas de picnic al jardín de una de las casas cerveceras; como lo hacen seguido los tantos alemanes rubios, macizos, y de carcajadas, felices con sus chops de cerámica. Probás su cerveza muy rica, su brezel  (pan en forma de moño, granulado con sal). Y te despedís en bicicleta, con una sonrisa y un “quiero volver siempre” como cuando no querés terminar la última página de un libro.

Entonces te vas a sonreírle a Munich, con su ayuntamiento tan imponente, en la Marienplatz, donde hace mucho se bautizó la clásica Oktober Fest (todo empezó con una boda), con un tipo específico de cerveza y el brindis de chops de un litro, no menos. Munich, también una ciudad de cuentos, de parques verdes y patos. Para pedalear feliz en sus miles de bicisendas, para bañarse, desnudo o con ropa, en sus ríos y arroyos.

Porque la Munich del verano es la ciudad de las tardes con amigos en el parque. Y en tu caso particular, entraste en una etapa –dentro de tu viaje – de encuentros, no con lugares sino con gente querida. A partir de ahora, y ya en Bamberg, cada lugar, un amigo.

Estás en el caño de una bicicleta, pasando por catedrales, universidades, cervecerías y plazas con fuentes chiquitas donde algunos alemanes enfrían sus cervezas. Atrás, Victoria pedalea con fuerza y te regala dos inolvidables días en Munich.

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DATOS ÚTILES

Tren de Berlín a Bamberg: €81 (first class), cuatro horas aproximadamente.

Tren de Bamberg a Munich: €20 (3rd class)

Tren de Munich a Nijmegen (Holanda): €136, cama, una noche de viaje.


La vida de los otros

22 julio 2010

Berlín, ciudad cosmopolita y moderna, ciudad de la moda. La primera imagen de Berlin en mis ojos fue una Iglesia con la cúpula rota por un bombardeo de la Segunda Guerra.

La gente no sabe perdonar. Y nosotros nos encontramos de repente sintiéndonos culpables de algo que no hicimos. Quizás es que se trata de olvidar y mirar para adelante, me dice Amelie, que con su nombre de origen francés, nació en la década del ochenta; y para cuando fue capaz de ver más que muñecas, estaba cayendo el muro de Berlín.

La Historia de los libros quedó presa en el papel, y a pesar de que todavía los alemanes de sesenta arrugas la llevan impresa en sus gestos ásperos, la Alemania joven parece entenderlo muy bien. Berlín es su expresión, Berlín es su inspiración.

Cuando caminas sus calles grises, los edificios anchos, altos, grandes cuadrados de cemento e imponentes de una manera opresiva, te transmiten todo el frío que el sol se niega a darte en verano. Y no te sorprendería encontrarte con un agente de la Stasi, mientras doblás una esquina ,  todavía con los huecos de las balas de guerra en una de sus paredes.

Pero basta seguir caminando y perderse – o encontrarse – en un callejón de grafittis, en un patio de negocios muy cool, de diseño y moda, o en una galería de arte. La Berlín de hoy, donde la oscuridad de sus viejos edificios (en un sentido simbólico) se refleja en los vidrios de su business center. Donde podés hundirte en el sillón y la música de un bar under. O regatearle a los hippies de un mercado, mientras una banda de street music baila con baterías, tachos de basura y panderetas. Y si todavía te quedó tiempo, la Berlín de hoy, donde también los diseñadores independientes tienen su espacio, entre los cafés de una especie de Palermo, no porteño pero Berlinés.


Y entonces doblás la esquina y no te encontrás con tus miedos, sino con una ciudad que parece burlarse de su pasado. Las paredes blancas o grises de los edificios de estilo soviético (tipo monoblock), están salpicadas de lagartijas grandes y coloridas, cuando no pintadas enteramente de diferentes colores – estridentes o pastel – con balcones,  macetas y flores, reposeras y ojotas. Los grafittis conquistan cada pared, incluso la de las obras pintadas por artistas en el Muro de Berlín. Y los turcos te sonríen desde el mostrador en sus miles de ardientes Kebabs.

Indescifrable y misteriosa, tanto para el Pasado (si fuera una persona) como para los turistas. Berlín vive, respira y nos atrae desde el otro lado de la ventana. Pegados a los vidrios, no podemos dejar de admirarla una y otra vez.

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DATOS ÚTILES

-          Cómo llegar: desde Praga, Student Agency (bus): €30, cuatro horas y media.

-          Dónde dormir: A&O hostel, no es lo mejor pero el precio está muy bien (€8, 9 y 12) y la ubicación también, al lado del zoológico, que es una zona bastante céntrica, y de la estacíón de trenes y subtes. El desayuno es pago, no hay heladera ni espacio para cocinarte. Pero sí una terraza que está muy bien para una cervecita de final de tarde.

-          Dónde y qué comer: carísimo! Comer en la calle o comida turca es la mejor opción, si no podés cocinarte. Los chocolates Ritter Sport están regalados en el supermercado, no dejar de comprarse todas las variedades! (€ 1 los medianos, o €2 los grandes, pero son grandes eh). Imperdible probar el yogurt alemán. El mejor es el que viene en frascos de vidrio. Un antes y un después en la vida del adicto al yogurt.

-          Transporte: carísimo también! El tren entre ciudades puede salirte €80 o €100. Una locura. Y dentro de la ciudad sale cada pasaje €2,10 (el simple, si hacés combinaciones es más). Lo mejor es comprarse el ticket por € 6 válido para todo el día, todas las veces que te subas, cualquier tipo de transporte (tren, subte, tranvía). Para viajar inter ciudades hay otra opción, que es el colectivo. La línea es Berlin Linien Bus y podés encontrar pasajes por €20. Otra alternativa es comprar los tickets de tren en las maquinitas (en la caja siempre es mas caro) y buscar los que no son directos sino que tienen combinaciones. Entonces quizás en el camino te bajás varias veces, cambiando de tren. Pero viajás también por €20. El problema es dominar la maquinola, que si bien tiene para elegir el inglés o el español no funciona siempre.

-          Cómo salir: de Berlín al sur (Bamberg o Munich) en tren: €80, segunda clase. En bus, €40. Cuatro horas y media de viaje.


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