Mi primera impresión de la ciudad no fue muy buena. Con mucho tráfico, ruidosa, tan grande y plagada de gente. Y lo primero que me dijeron apenas la pisé, “esta ciudad es una puta mieerrrrda”, con tonada italiana. Pero día tras día, de a poco, Londres me fue conquistando. Y de tanto escuchar “mind the gap” al subir o bajar cada vagón de su viejo y emblemático subte, salté el hueco y me enamoré de la ciudad.


Londres la cosmopolita, siempre despierta, interesante, con tanto por descubrir y visitar que no te alcanzan ni años viviendo ahí. Me dejó esa sensación de desconcierto aunque agradable, como la sonrisa de Mary Poppins al sacar de su bolso miles de cosas que resultaba imposible imaginar adentro.


Y además de perderme en el subte y en los barrios, Londres me empalagó de negocios, tiendas (como Harrods) y mercados. Ideal para ir de compras si estás con bolsillo grande, porque las ofertas son tan “ofertas” que terminás comprando todo. Imperdibles los mercados de Notting Hill y Candem Town, este último con su onda particular y muchos recovecos por descubrir.
Y para relajar, nada como un picnic en los parques enormes, verdes y callados.

Lo mejor de mi Londres fue recorrer sus tantos barrios, y caminar entre casas inglesas de ladrillos, en calles que se doblaban y parques; South Kensington, Chelsea, Richmond (visita obligada) por nombrar algunos. En los que están a orillas del río Thames se puede ver a ingleses practicando rowing, si toca día de sol.



Por último, Londres la de miles de museos, todos gratis. Los Tate (Modern y Britain), el British Museum… Londres del barrio chino; del Soho, bien canchero, con cafés que invitan a un cálido stop. Y nada como terminar el día con una cerveza en algun bar o pub londinense, con bandas en vivo y muy buenos amigos.
Si fuera una persona, Londres sería un “tipo con onda”. Porque es una ciudad lindísima y es una ciudad con toda la onda. Oh my London!
Imposible nombrar todo, como imposible me parecía de chica, y desde la pantalla, urgar en la cartera de Mary Poppins.





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