Lunes ocho de la mañana en Chiang Mai.
Pelo rapado, tela naranja sobre su piel de 22 o 23 años, anteojos y un hello seguido del where are you from… Arshentina, y nos ponemos a hablar. Yo me ponía mis zapatillas a la salida del templo mientras el típico saludo se convertía en una amistosa y entretenida charla de media hora.
Lian from Laos… Lian que dejó sus tierras para hacer su Licenciatura en Artes (filosofia, psicologia, ciencias, lenguaje, arte, cultura). Lian el monje que acababa de recibirse hacía unos días.
¿Por qué Tailandia? le pregunté. En Laos las materias se reducen a sólo Language y quienes quieren estudiar otra cosa, además de pagar más tienen que trabajar después para el Gobierno. Lian quería saber más, Lian quería ser libre. Lian estudió en Tailandia, porque además podía informarse de su Gobierno más que estando en Laos, donde la información es limitada… Lian se recibió, y quiere trabajar un tiempo como profesor voluntario y luego hacer una maestría en rural development. Porque en Laos son muy pocos los que quieren trabajar en áreas rurales – no da buena plata – y qué falta hace el desarrollo ahí.
Así que volver a Laos estaba en sus planes… claro, para devolverle a su tierra lo mucho que le había dado. Había estudiado ahí en la escuela de monjes, donde no sólo le enseñaron sobre el buddhismo (más profundamente que en cualquiera otra escuela) sino también sobre ciencias y materias terminadas en “ía”… porque luego uno es libre de elegir si quiere ser monje o vivir de otra cosa, un oficio, una carrera.
Lian aprendió también en las mañanas del templo, cuando el Abbot (líder de templo) le enseñaba sobre Buddha y sus fundamentos. En el budismo theravada (el de Tailandia) es muy importante la enseñanza además de la vida monástica. Y todo monje debe estar preparado para responder a preguntas de la gente laica.
Pero además de la teoría (lo que sería el Dharma) están las reglas y la práctica. Podemos representarlo entonces como Buddha (reglas), Dharma (teoría) y los seguidores (la práctica).
Al principio no había reglas, pero había tantos monjes y de tantas partes del mundo que se hizo necesario para ordenar la cosa. En ese principio se trataba de manejar internamente los miedos y eliminarlos. ¿Cuál es el mayor miedo del hombre? pensó Buddha, la muerte. Ergo, había que morir antes de morir. ¿Cómo? de tres formas: no odiar sino amar, no ser codicioso, y no engañarse a sí mismo (aceptar por ejemplo que el cuerpo envejece, que uno muere, etc no adornar la vida con eufemismos).
Y entonces vinieron las reglas, que de a poco – y a medida que fue necesario - se elevaron a 234 (¿doscientas treinta y cuatro? Yes – entre risas - lazy monks). Los laicos tienen solo 5 reglas fundamentales: no matar, no mentir, no robar, no tener sexo con otra mujer u otro hombre si estás casado, y por último n0 tomar alcohol… Y mientras yo hacía un paralelismo con los mandamientos y preceptos católicos, remató con un But, y me dijo que esas cinco reglas pueden reducirse a tres: no hacer el mal, hacer el bien (que incluso sale de no hacer el mal) y purificar el alma. De qué sirve hacer el bien si el alma de uno no está pura y en paz.
Terminamos la charla, yo empezaba mi día de trekking por las montañas de Chiang Mai, las mismas que – me dijeron – subieron los elefantes, hace unos años, asustados por el temblor de las aguas tailandesas. Las mismas montañas en las que conocí a M (em), cazador de tarántulas. M, que además era budista y que con cerveza marca Chang en mano me recordaba la última de las 5 reglas mencionadas por Lian: no tomar alcohol.
M tomaba su trago y sonreía, pensando quizás en las tres básicas reglas. Lian, en cambio, sonreía horas antes con su anécdota del turista, que muy gentilmente se había acercado a regalarle una cerveza como ofrenda… un jaja y un qué insólito, seguido de un que tengas una linda jornada de trekking.

