Moscú

24 junio 2010

La Plaza Roja, el Kremlin, la Basílica de San Basilio… sí, pero nunca imaginé la Moscú de los miles parques y lagos. Moscú la verde, la de patos y puentes, la de helados palito. Y también la del Metro, con cada estación que es una obra de arte, bien merece unas horas en el subsuelo.

Definitivamente un lugar se define por su gente, también Moscú, como en la Siberia. Primero, Luis y Lula – Perú y Argentina – me abrieron las puertas de la ciudad y su gente, como residentes. Entonces pude descubrir la Moscú que está detrás de las postales. Después los moscovitas mismos, que una vez cruzada la barrera de “poca amabilidad”, te regalan con la calidez y la alegría de todo ruso. Porque Rusia es las imágenes, las noticias y la historia que leímos, pero la genuina Rusia es los rusos. Hay que vivirla.

Si viajás solo en Rusia, siempre estás acompañado. De repente te encontrás en una ciudad de la Siberia que no imaginabas, en la casa de una simpática familia. O en un café de Moscú, charlando con una vieja bailarina, que te habla en un mix de ruso con francés, tararea una canción de Lolita Torres. Después te invita al Concierto privado, en piano y violín, de sus amigos, que son músicos y profesores de Conservatorio, en la famosa peatonal Arbat. Y agrega, tocá el timbre de la puerta Nº 33 y entrá. Y si decidís tirarte bajo el sol de junio en cualquiera de los parques, seguro terminás charlando con el vecino de pasto, radio y traje de baño. Sacame una foto te dice, y te vas – según él – con el estereotipo de hombre ruso en tu memory stick.

Dicen que Moscú no tiene punto medio, la odiás o la amás. Yo le canté baladas, y ella me devolvió con una semana imperdible. Moscú fue un ballet en el Kremlin (El Lago de los Cisnes, nada más y nada menos!),fue también caminatas por sus peatonales famosas, y por sus calles escondidas, donde siempre encontrás una imponente Iglesia entre sus edificios, y un buen bar under para terminar el día.

Moscú fue levantarme cada mañana con los pajaritos, en un vecindario de monoblocks. Fue recorrerla desde el subsuelo, para contarme la época comunista a través del arte en cada estación. Fue comer helados palito en sus parques; visitar conventos e Iglesias para perderme en la riquísima tradición iconoclasta; fue dormir siestas a la orilla de un lago. Moscú fue recorrer el parque Ismailovo en bicicleta, el favorito de los Romanov antes incluso de convertirse en zares. Fue treparme a un árbol y dejar pasar el día, sentada en el tronco, mientras un grupo de patos se peleaba por su espacio de agua verde. Y Moscú fue también la tarde en barco por el río Moskba (imperdible); los mini parques de diversiones y atracciones (como Izmailovslkiy); y los imponentes parques Tsaritsino y Kuzkovo. Revivir en el primero la época de los zares, y respirar en el segundo un decaído comunismo. Y todo siempre grandilocuente. Porque todo está hecho a lo grande en esta ciudad.

Sin ser pedante, Moscú es pomposa, es grande, te envuelve, podés ahogarte y odiarla, o bailar con ella.

MÁS FOTOS, AQUÍ

DATOS ÚTILES

-          Dónde dormir: yo usé couchsurfing y como experiencia fue genial. En Ekaterinburg también. Es salir un poco del circuito turístico con todo lo que un residente te puede aportar.

-          Comer: la comida rusa no se caracteriza por ser muy rica y variada. Lo mejor es pararse en alguno de los puestos de comida georgiana, que es riquísima. También comer pirogui, dumplings (pilmienis) y los tradicionales panqueques (blini). No dejar de probar glintvein (vino caliente con frutas, clavo de olor y canela), medabuja y bdnj.

-          Qué visitar: Arbat y Kuznetsky Most son las dos peatonales famosas, al estilo Florida en Buenos Aires. Kremlin (R350 la entrada), Plaza Roja (gratis), Basílica de San Basilio (R180 la entrada, vale la pena!). Los parques mencionados en la nota son gratis y son cita obligada.

-          Estaciones de metro para bajarse y disfrutar o sacar fotos: Komsomolskaya, Arbatskaya, Ploshad Revolutsi, Biblioteca Lenina, Moyakovskaya, Prospekt Mira, Bornokadnoya, y todas las estaciones de la línea marrón.

-          Cómo ubicarse y moverse: el Metro te lleva a todas partes, no es muy fácil usarlo como en Beijing por ejemplo, pero con un mapa de las líneas y estaciones, y sabiendo leer el alfabeto, en un día te volvés experto.

-          De ballets, conciertos y óperas: no es caro acceder a una noche imperdible de estas. Por ejemplo, el Lago de los Cisnes en el teatro del Kremlin me salió R 400. Y valió en el disfrute muchísimo más.

-          Barco por el río Moscú: R 400, son dos horas y pasás por los principales puntos de atracción de la ciudad. Recomendable, es ver Moscú desde el agua. Además los rusos son muy divertidos, se gritan y saludan de barco en barco, o desde la calle y los parques.

-          Tren a San Petersburgo: R 1186. Es una noche de viaje. Tenés que tomarte el lento y de media noche, así estás toda la noche viajando. Si no llegás a San Petersburgo por la madrugada y tenés que pagarte un hotel. Sacar el pasaje con tiempo, al menos tres o cuatro días de anticipación para conseguir Platskart.

-          Alrededor de Moscú: yo no llegué pero sé que es imperdible visitar Suzdal y Vladimir. Dos ciudades chiquitas y pintorescas con su kremlin cada una. Son del grupo de ciudades muy antiguas que luego decidieron unirse para formar Rusia (y así defenderse, unidas, de los ataques externos).


Un mito

19 junio 2010

Ay! Pisé Europa! Esto merecía celebración, aunque era tanta mi alegría que no podía expresarse mejor que en mis ojos y en esa sensación interna de objetivo logrado. El tren dejaba atrás los montes Urales y las tierras asiáticas. Y el cielo naranja de las 10.00 pm me daba una palmadita cálida de felicitaciones. Entonces brindamos con limonada que Antoni sacó de su bolso de sacerdote ortodoxo, y monje (según aclaró).

Imposible tener mejores recuerdos de mis días transiberianos. Los paisajes de la ventana, los rusos con sus mil vidas distintas, ávidos por compartirlas con uno y siempre tan cálidos y sociales. Las comidas compartidas, los soldaditos de camiseta de rayas y  borrachera. Las provodnitsas de facciones duras pero que al final se ablandaban con una buena sonrisa. Las gordas rusas en las paradas vendiendo pescados ahumados, comidas tradicionales, ropas de abrigo y osos de peluche. Cada estación de tren, siempre pintorezca y limpia.

Este último tramo (de Ekaterinburg a Moscú) fue bastante distinto al anterior. Sin el encierro del calor sofocante, lejos de hundirnos en la casa de los muertos y de encontrar a un aturdido Raskolnikov (Crimen y Castigo, Dostoievski) caminando por los pasillos, parecíamos perdernos en una sinfonía de Tchaikovsky. Afuera, el paisaje había cambiado también. Verde muy verde, con prados y campos arados, vacas lecheras de perfecto blanco y negro, lagos, arroyitos y casas coloridas, también de madera como en la Siberia, pero más grandes y sólidas. Y como constante, las flores silvestres, amarillas, blancas, rosas y violetas, nos acompañaron durante todo el viaje, bordeando el tren y coloreando las miradas.

Llegamos a Moscú. Me bajé del tren con una emoción más pesada que mi mochila y un librito que me regaló Antoni, con oraciones de San Nicolás (EL santo de Rusia), en ruso lógicamente, y con estampita de los Arcángeles Miguel y Gabriel. Me despedí del simpático provodnitso, que me saludó con mano en el aire y un Jao aborigen (por Cristóbal Colombo, me explicó). E intercambié mails con Nuria, catalana alegre – porque de otra manera no pueden ser los españoles – y vecina de cama, con la que nos gritamos el español durante todo el viaje, porque no somos raza de susurros.

El mítico tren transiberiano, de ladrones, asesinos, misterios y miedos me regaló con muy lindos recuerdos y aún mejores experiencias.


Ekaterinburg, tragedia y amor

19 junio 2010

En alguna parte del mundo de textos, libros y mails que leí antes de viajar, alguien comentó que Ekaterinburg no le había gustado. En mi caso era cita obligada porque se trata de la ciudad donde asesinaron a la familia Romanov en 1918, y no es que iba en búsqueda de Anastasia, pero es una historia que me llamó la atención desde chica. Trágica como es, más trágica aún cuando estás ahí, dejás el libro de historia y entrás en la Iglesia que levantaron en honor a toda la familia. Adentro, dicen las malas lenguas que están los íconos más caros de toda Rusia, y también las imágenes de los Romanov que fueron canonizados y elevados a la condición de santos para la Iglesia Ortodoxa.

Lo mejor que podés comprar acá es el ícono de la familia Romanov, me dijo Sergey, un cincuentón simpático que parecía secretario o administrador del predio, porque se movía entre guardias y mujeres con pañuelo en la cabeza como pez en el agua. Yo estaba buscando algún ícono lindo para comprar y claro el ícono era muy lindo pero tampoco para tanto. Así que me compré uno de la Godmather, de Kazan, me aclaró Sergey, porque cada ícono tiene su historia y su ciudad de origen.

Por suerte para mí, le caí en gracia a este señor, y decidió hacerme de guía durante mi visita. Lógicamente, yo estaba de lo más entusiasmada. Admiramos el arte volcado en los íconos, en los frescos de las paredes y en la Iglesia (impresionante todo), y vivimos parte de una historia que tanto me había impresionado siempre. Pero el turista parecía Sergey, que se asombraba cada vez, de nuevo y de nuevo, y me relataba como lo hace un chiquito, cuando le cuenta a sus padres algo nuevo que descubrió. Después de enseñarme el ícono con el diente de leche, empotrado en el corazón, del único hijo varón de los Romanov, Sergey me llevó a la Iglesia del piso de arriba, donde los los íconos de plata y oro labrados, de vírgenes y santos, casi secuestran mis ojos para siempre. Y después de bajar los 23 escalones que descendieron Nicolás II, mujer e hijos  hacia el lugar donde los mataron (one, two, three… contaba Sergey a medida que avanzaba), vino la sesión de fotos – descubrí que a varios les gusta fotografiarme – y la visita al predio donde se aloja la cabeza de la Iglesia Ortodoxa de Moscú cuando va de visita. Sergey parecía en la Gloria, extendiendo brazos y admirando conmigo los frescos de las paredes y los techos. Y si, parecíamos estar en el cielo porque cada rincón celeste está pintado con la historia de Dios en la tierra, y es una obra de arte.

En el área de este sitio de la muerte de los Romanov, hay también una capillita de madera, en honor a la Gran Princesa Yelisabeta Fyodorovna, monja pía y tía del zar Nicolás II. Después de la muerte de sus parientes, ella no corrió mejor suerte; los bolcheviques la arrojaron a un pozo, y como seguía rezando por ellos y no se moría, la envenenaron con gas y la enterraron.

Después de la masacre, los cuerpos de los Romanov fueron transportados cuarenta kilómetros, donde los bolcheviques ocuparon dos días desmembrándolos y quemándolos para eliminar las pruebas. Meses más tarde, el Ejército Blanco encontró las manchas de sangre en la pared del sitio donde dispararon a toda la familia; y en el lugar donde los habían quemado, algunos huesos, el perro de Anastasia muerto de hambre en un pozo donde lo habían arrojado, y algunas joyas. Pero no fue hasta 1991 cuando encontraron los restos de la familia. Aunque aparentemente un detective lo había hecho unos 20 años atrás pero había callado por miedo. Puso los restos del Zar en una caja de madera y enterró todo.

Ekaterinburg aloja una historia trágica, pero también es una ciudad para enamorarse. Será por su río, y sus caminos floreados y verdes para bordearlo en una linda mañana de sol; o sus parques para tirarse de picnic, los chicos teniendo sus clases de arte, sentados en veredas y plazas, las flores de colores por todas partes, las iglesias y capillitas. Ekaterinburg es una ciudad moderna pero tranquila a la vez. Con avenidas, peatonales y grandes negocios, pero también su toque soviético y sus boulevards bien verdes. Tiene monoblokcs también, pero escondidos entre árboles y plazas, entre viejos jugando al ajedrez en la calle y chiquitos corriendo palomas.

Más sobre la historia sobre la muerte de los Romanov, aquí.

Más fotos, aquí.

DATOS ÚTILES

-          Dónde dormir: yo me alojé en casa de familia, por medio de Couchsurfing. Recomendable, vivís la experiencia rusa no tanto como turista. En mi caso, era un departamento en un clásico monoblock soviético. Nos intercambiamos buena información con los dueños de casa, y me fui con un acervo de música rusa en mi hard disk. Genial.

-          Dónde comer: imperdible es probar los pirogi, un clásico de los platos rusos y riquísimo. En la calle Gorikogo hay un restaurant (Stolle) que es muy lindo y aunque parece fancy, es barato.

-          Tren a Moscú: R 1732,9, platskart, entre 28 y 30 horas.

-          Cómo moverse en la ciudad: trolebús o bus, entre R 12 y 14 el pasaje.


Memorias del tren

16 junio 2010

Dicen que en Memorias del Subsuelo, Dostoievski volcó la oscuridad de sus – muy crudos para él – días de exilio en la Siberia. Y si de subsuelos se trata, nosotros nos ahogamos en uno de ellos, el mismo Infierno, a medida que el tren 349 atravesaba la vía transiberiana y dejaba atrás la ciudad de Omsk (la misma en la que padeció el autor). El calor de junio y de los pasajeros del vagón número 11, platskart, chocaba con las ventanas selladas y mojaba almohadas, sábanas, panzas de cerveza sin remera y toallas en la frente. Al tiempo que nuestras mentes aplastadas despertaban demonios.

Dima, por decir Juan Fulano, traspiraba la cama de arriba; y en la mesita de abajo llovían las canas de su pecho florido y blanco. Despacito como copos de nieve, entre caspa y plumas del colchón, posándose sobre tazas de té, libros y anteojos. Despacito, en silencio, como su callada presencia. Por momentos las piernas de su pantalón pijama aparecían desde el techo, con un movimiento ágil, rápido, silencioso. Y entonces Dima se sentaba a los pies de mi cama, sin hablar con ninguno de los demás pasajeros pero con inquietos ojos azules que miraban y escuchaban todo. Debajo de su cabeza oscura y entrecana le faltaba pasión a sus facciones y su cuerpo todo. Pero sin embargo me recordó a Dmitri Karamazov (Los hermanos Karamazov, Dostoievski), quizás por su imagen decadente, y esa apariencia de mente quebrada. Aplastado como todos nosotros por el calor del Infierno, Dima además parecía  perdido en sus demonios internos. Entonces el tren llegó a la ciudad de Tyumen, Dima bajó nuevamente de su cama, devolvió sábanas y toalla de mano a la provodnitsa (mujer encargada del vagón), preparó bolso y ropa. Cambió su pijama manchado en la cola por un pantalón oscuro con cinturón, y desdobló la camisa guardada. Abotonó los puños celestes y sucios. Chasqueó con un tssstt sus dientes de oro. Se bajó del tren.

En el compartimiento de al lado, Irina me invitaba a tomar un té en su cama, que se convertía en mesa. Rusa buyrat, proveniente de Chita, llevaba a Moscú sus 20 años y sus ojos rasgados a lo mongol. Su actriz preferida era Natalia Oreiro, en todo el vasto mundo, que además consideraba tan beautiful girl. En sus días de tren, soñaba con la Visa para ir a trabajar a USA y extrañaba a su novio Sasha. Nos conocimos porque yo lo llamé, me contó. Trabajaba como mesera en un bar, lo vi sentado en una mesa, me gustó, conseguí su teléfono por un amigo. Entonces Irina se calzó tacos altos (esos tan altos como usan todas las rusas) y el mejor vestido. Sus amigas le enrularon el pelo lacio teñido de rubio. Y desde entonces Irina caminó las calles de su barrio con novio en mano.

May I take a picture? Me preguntó en el pasillo Zhenya, ruso de la ciudad de Perm. Shast for memory in mai maind. ¡Claro que sí!  Sonrisa los dos y flash de su cámara. I happy because met you, brave girl in Russia alone, cool… Argentina, cool. Zhenya volvía a casa después de asistir en Irkutsk a una escuela misionera y a una Conferencia de un importante personaje de su religión, y venido desde Nigeria you know! . Me, cristian, me explicaba. Y al final Pufst! un diploma sí, una sonrisa, y vuelta a Perm con su amigo también cristiano.

Para entonces, la mitad del vagón estaba pendiente de nuestra conversación en basic –muy basic – inglish. Irina, Zhenya, yo, los chicos que me preguntaban si en Argentina jugaba al Counter Stricke en la computadora, los rusos en cuero y con tatuaje que miraban de lejos, las señoras que atentas y con sonrisa seguían la charla (con las traducciones forzadas de Irina) y se pasaban la voz entre ellas.

El tren se acercaba a Ekaterinburg, mi parada.  La provodnitsa pasó anunciando la pronta llegada. Fui a preparar mis cosas. Y minutos más tarde, todavía con cepillo de dientes en mano, me encontré a una señora esperándome en la puerta del minúsculo baño. Me enseñó entonces un papel escrito a mano: “Welcome to our home in Krasnoyarsk”. We’ll be very happy if you come, our family veeery long, mum, dad and three childs. Y seguidamente, Liza – que así se llamaba según su firma en el cartel – tan cariñosa, tan sonriente, rubia y flaca, anotó la dirección de su casa.

Zhenya también había estado escribiendo su papel para regalarme. We are very happinest that we met you! I belive that we are met again. We will be to learn English and Spanish, and visit your country! Marina is very beautifull and cool girl! Respect for you! Love! Zhenya!

De a poco, el sol del atardecer y la calidez de los rusos del vagón exorcizaron demonios y me rescataron del subsuelo. Puse mi primer pie en la estación de Ekaterinburg, y me alejé. Feliz.


La Oxford siberiana

16 junio 2010

Dicen que para ver y sentir una clásica ciudad siberiana hay que ir a Tomsk, donde puede encontrarse buena parte de la mejor arquitectura tradicional siberiana. Pero además, Tomsk hospeda una buena cantidad de antiguas e importantes universidades, y aloja en sus monoblocks a miles de estudiantes rusos. La Oxford siberiana, como la llamaron una vez, es una ciudad que encanta.

Escondido en el verde de sus árboles y bulevares, el tranvía atraviesa angostas calles de casitas viejas y anguladas hacia el costado, con ventanas y paredes de madera hundiéndose en la vereda. Y es imposible no perderse en los pasillos de la Universidad, en los puestos de helado y de clásicos panqueques rusos, que están en cada esquina y que lógicamente visité.

Tomsk, ciudad para relajarse y disfrutar de un buen pic nic a orillas del río Tom, en un banco de la vereda o en uno de sus parques verdes. Tomsk, ciudad para caminar, para descubrir sus escondidas estatuas temáticas, para admirar antiguos edificios e imaginar fantasmas en sus casitas de madera.

DATOS ÚTILES

-          Cómo llegar y cómo irse: en el Transiberiano, desde Krasnoyarsk o desde Novosibirsk, dado que no está en la línea del tren. Desde Kemerobo también es posible y es el punto más cercano. Aunque para llegar a Kemerobo hay que bajarse primero en Taiga. Desde Taiga hay buses a Tomsk, pero desconozco detalles. Desde Kemerobo hay un bus diario con varios horarios, y cuesta R 300, cuatro horas de viaje (muy pesado).

-          Dónde dormir: hay varios hostels pero no vale la pena quedarse. Con un día está más que bien para visitar y disfrutar la ciudad.

-          Qué comer: panqueques dulces y salados en uno de sus tantos puestos de la calle. Son un clásico entre los estudiantes. También un helado de “33 Pingüinos”.


Perdida en Siberia

16 junio 2010

¡Por Argentina! Y choque de copas en la calidez que solo una casa de familia puede dar. Afuera, las once de la noche sólo en el reloj, y el sol que no estaba parecía querer iluminar los monoblocks de Kemerovo… ciudad ahogada en el bosque, a orillas del río Tom.

Vicusha había vuelto a casa, desde Vladivostok, y con una visita de Argentina. La alegría de sus padres era el condimento de la casera cena rusa, y los chin chin con whisky eran más numerosos que los bocados. ¡Por Rusia y por esta familia tan agradable!

Mientras el sol de las 21.00 coloreaba de naranja árboles y carteles de cuidado con los siervos, el auto avanzaba por la ruta camino a Kemerobo y se sumergía en el bosque. El padre de Vicusha saltaba de su asiento tres segundos antes de cada pozo que no lograba esquivar. Y en el asiento de atrás madre e hija charlaban los dos meses de ausencia. Como copilota, yo, una argentina colada en la vida de los otros. Pero sí, estaba ahí, no sólo espiando esa otra vida (como el personaje de la película) pero viviéndola también. Y no podía estar más encantada. Me relajé y me dediqué a disfrutar de ese bosque sorpresivo para mí, en medio de la Siberia.

El tren de Irkutsk a Novosivirsk fue mi pesadilla siberiana. Descompuesta y con calor, me enteré a bordo que las doce horas eran treinta; esos malentendidos de la barrera lingüística. Pero en el transcurso de las pesadas horas, un soldado correcto, alto y buyrat (raza prima de los mongoles) me agasajó con chocolates y helados. Y conocí a Victoria – más tarde Vicusha – rusa de ojos claros, sonrisa y 24 años, que volvía a casa después de un romance en Vladivostok y de conseguir su Visa para USA.

Bajate conmigo en Taiga, me dijo, de ahí nos vamos a mi ciudad, Kemerobo. Yo apenas podía retener los nombres en mi cabeza, y no tenía idea de cómo iba a salir de ahí si me bajaba con Victoria. Apenas figuraban sus nombres en el mapa de mi guía. Pero ¿por qué no? pensé ante la iniciativa, y entonces un ok perfect, y pisé el suelo de Taigá. Un pueblito construido alrededor de la estación de tren, donde trabajan sus habitantes y donde nos esperaban los padres de Vicusha.

Con el sol cayéndose detrás de las casitas de madera, cruzamos en el auto las calles de Taiga, con manzanos en flor y chiquitas rusas paseando cochecitos con bebés. En una casa, un perro ladraba al aire arriba del techo de un viejo auto. Un pueblo sin sentido, diría Olinca – amiga de Vicusha y después amiga mía también – pero para mí fue uno de los mejores atardeceres de la Siberia.

Kemerobo resultó ser una ciudad bastante grande e industrial, con varias fábricas humeantes, pero tranquila a la vez. Típicamente siberiana, con casas de madera (aunque más hacia las en las afueras) y monoblocks en sus calles. Los clásicos tranvías y trolebuses que cruzan viejos colectivos, y en cada parque o boulevard, los monumentos de la Segunda Guerra Mundial.

En junio, pueden verse manzanos en flor bien blancos y la alegría de los rusos en la calle por el verano que comienza. Globos de colores, algodones de azúcar, trencitos y música en los mini parques de diversiones. Los puestos de Kbac (clásica bebida rusa con gusto a cerveza pero sin alcohol) también pueden verse en cada esquina de Kemerovo. El sol de la primavera recorta la figura de los chicos en rollers y las viejas rusas con pañuelo en la cabeza (blanco o floreado) se confunden con las clásicas matrushkas (las muñecas rusas de madera que tienen muchas muñequitas más en su interior). Muy lindos días en Kemerobo para los ojos, para el paladar – probando las clásicas comidas rusas, sus helados y chocolates – y para el corazón, al conocer personas tan cálidas que compartieron conmigo sus días rusos.

¡Por Argentina y por Rusia! Fue también el chin chin de la última noche. Esta vez con vodka, cerveza y coca cola, en una dormida escuela de Kemerobo. Con un grupo de veinteañeros alegres festejamos el Día de Rusia y miramos el 1 a 0 de Argentina – Nigeria. Entonces me fui llena de snickers, chocolates rusos, una larga lista de autores rusos para leer, y una muy grande sonrisa.

¡Gracias Vicusha y Olinca por tan lindos días!

MAS FOTOS: http://picasaweb.google.com/102014211594357479489/RusiaKEMEPOBO#

DATOS ÚTILES

-          Tren Irkutsk – Novosibirsk: R xxx

-          Bus Kemerobo – Tomsk: R 300, 4 horas. Diario.

-          Dónde dormir en Kemerobo: no sé de hoteles, pero couchsurfing es una buena alternativa. Seguramente es la casa de Vicusha.

-          Imperdible: el helado del Café de los Soldados (un Café que mantiene el estilo de la época Soviética, con una gorda también de la época, que sirve unos helados increíbles)

-          Tren Taiga – Ekaterinburg: R 1740, platskart. Taiga está a 100 km de Kemerobo.

-          Cómo llegar y cómo irse: bus desde y a Taiga. Kemerobo está fuera del trayecto del tren transiberiano.


El Purgatorio

9 junio 2010

De nuevo en e l tren, adentrándome en la Siberia rusa. La misma Siberia que para muchos rusos significó el Infierno durante épocas zaristas y bolcheviques. Y por más que me esfuerce, no puedo encontrar los círculos del infierno de Dante. No desde la ventana, no cuando me bajo en cualquiera de los pueblitos soñados del camino.

El paisaje se vuelve cada vez más colorido a medida que el tren avanza rumbo al Oeste, y el olor de las flores de campo entra por las ventanas. Aaay! Imposible no disfrutar. Y entre el verde y las casitas de madera, aparece de repente el Lago Baikal; tan grande, tan azul, tan frío todavía con hielo del invierno, nos acompaña por largo rato.

Adentro, en el vagón Platskart (tercera clase del Transiberiano), es improbable aburrirse. Siempre algo para admirar desde la ventana. Y los rusos vecinos de cama y vagón, siempre tan sociables y alegres. Mi vecina, una babushka con sus dos nietos, me llena la mano de caramelos y pescados ahumados envueltos en papel de diario (pescados que ella misma pescó en Chita, o que compró en la estación de tren de Slyudyanka). Mmm, okei, spasiba (gracias) y sonrisa. Mientras escupo espinas, la babushka me cuenta sus sueños. Quiere ser turista, se ríe, sólo viajar; y mira al techo con ojos de picardía. 

La mano que me queda libre se llena de papeles con frases en ruso y números de teléfono. Un grupo de soldados que con sus palabras melosas y su jelou no paran de mirarme y hablarme… en ruso por supuesto, por eso el papel y la birome y el salvador ia nie panimaiu (yo no entiendo) para escaparme y volver a mi libro.

Y después de seis horas de siesta, lectura, cómo te llamás, soy de Argentina, Ia liubliu Baikal (yo amo el lago), entonces llego a Irkutsk, todavía con olor a pescado en mis manos. Una ciudad siberiana y tranquila, pero más rusa que Ulan Ude.

Irkutsk puede enamorarte por esa sensación que te deja sobre la Siberia, su historia, su vida. Salpicada de casitas viejas de madera, y con antiguos edificios de la época decembrista dcel 1800. Una ciudad para dormir la siesta, relajarse, tomar un buen té en una de sus casas y empaparse de la historia de esas tierras.

En el museo decembrista, típica casa de la época, pueden verse también pinturas y dibujos de las montañas y el lago Baikal. Paisajes imponentes como lo son en la realidad, según comprobé horas mas tardes camino a la isla de Olkhon, sobre el mismo lago. Y yo sigo sin descubrir el Infierno.

Para entonces ya me reencontré con Peppie y Sam – Holanda y Bélgica – y pasamos cuatro divertidos días en la isla, en medio de un paisaje que no se puede creer, a orillas del lago más profundo del mundo (el Baikal). Con su azul porofundo, sus montañas y rocas, sus caminos, sus lomas y caballos, sus playas (solo el frío nos dice que no estamos en una playa de Tailandia).

El lago Baikal nos sorprende a la mañana y al atardecer. Y de noche nos emborracha con vodka entre guitarras, violines, pianos y toques de bandoneón. Canciones rusas tradicionales, una buena fogata y viajeros de todas partes olvidándonos del frío con muchas sonrisas.

En el Purgatorio de Dante, las almas sufren grandes penas; pero siempre con la esperanza de ver a Dios cuando termine. Dicen que el mayor sufrimiento del Infierno es la certeza de su eternidad. Quizás no puedo ver el infierno ruso porque, en la Siberia, el trabajo forzado de los exiliados siempre vio la esperanza del Paraíso en sus espectaculares paisajes.

MAS FOTOS: AQUÍ

DATOS ÚTILES

- Pasaje de tren Ulan Ude – Irkutsk: R 600, 6 horas

- Dónde dormir en Irkutsk: Irkutsk Downtown Hostel, R 500 (dorm), free breackfast.

- Bus a isla Olkhon: R 575 ida y R 575 vuelta

- Dónde dormir en isla Olkhon: Nikita’s Guest House, R 850 con todas las comidas incluídas y free “Bania” (el sauna ruso)

- Tren Irkutsk – Novosibirsk: R 1500 platskart / R 3390 kupé. Son 30 horas.


Tranquila Ulan Ude

8 junio 2010

Y finalmente pisé una ciudad rusa… que me recibió con sus casitas de madera y postigos de colores en las ventanas, típicas de las tierras siberianas; calles tranquilas de una ciudad dormida, Ulan Ude; vodka y sonrisas del dueño del hostel y sus borrachos amigos; la alegría de los músicos de la calle.

Más que la cabeza de Lenin más grande del mundo, en su plaza principal, no hay mucho para ver en Ulan Ude… pero sí para sentir. Una ciudad perdida en la siberia rusa, y la transición ideal si llegás desde Mongolia. Todo dice Rusia, pero entre su gente hay rubios, y morenos buyrat (primos de los mongoles), y de a poco, lentamente, mi cabeza va dejando la tradición mongola y mis ojos se llenan de otros colores.

Con inusuales 30 grados de calor, me dediqué a disfrutar la ciudad en su gente, sus peatonales y su mini parque de diversiones… de esos bien al estilo provincia o pueblito. Estaba empezando a respirar Rusia, a comprar pasajes de tren en su idioma, a brindar con vodka por los rusos vecinos de mesa y su familia, a caminar sus calles y callecitas, a intercambiar sonrisas con mujeres gordas que te dan las indicaciones en ruso aunque no les entiendas. Spasiba (gracias) y de nuevo, bienvenida!

MAS FOTOS, AQUÍ

DATOS ÚTILES:

- Dónde dormir: Baikal Ethnic Hostel. Precio: R 450. En temprano junio todavía es temporada baja, asi que todo lo que prometen en su tarjeta, no lo tienen! Solo el dueño con muy básico inglés (demasiado) y sus amigos que no son peligrosos pero si un poco raros.

- Dónde comer: no hay mucho para elegir. Lo mejor es comprar en el supermercado (difícil encontrarlo) y comer en la guest house.

- Tren a Irkutsk: R 600 en platskart, seis horas.

- Tren a Ulaanbaatar: ver en nota de Mongolia en la categoría “Mongolia”


Ia nie gavariu paruski!

2 junio 2010

Tren Transmongoliano: Ulaanbaatar – Ulan Ude

Dos aplausos, una sonrisa y un alivio que no podía compartir con la rusa y el mongol de mi kupé, que me miraban sin entender mi ataque de alegría. A bordo del Transmongoliano, en la frontera entre Mongolia y Rusia, comprobé que es verdad, los argentinos no necesitamos Visa para entrar en tierras rusas.

Atrás, las estepas mongolas, y esa sensación que te sigue una cuadra cuando te obligás a volver sólo para volver a chequear que cerraste la puerta. ¿Había confirmado en Argentina el tema de la Visa rusa? ¿O sólo tenía la información del hermano del amigo del vecino? Si tan solo los tres cigarrillos y el paquete y medio de cookies mongolas pudieran dar luz a esos pasillos oscuros de la memoria! Mis manos traspiraban y mientras trataba de leer una revista, para no imaginarme el peor de los mundos, llegó el oficial rubio de ojos claros, para devolver pasaportes sellados… entre ellos, el mío, el único en todo el tren sin Visa estampada, pero con el sello de bienvenida. Sdrastvuitie!! (Hola), pude decir finalmente. Bienvenida a Rusia. Uau…

Ia nie gavariu paruski! (no hablo ruso), pero parece que son las palabras mágicas para que un ruso te siga hablando en su idioma, y cada vez más rápido. Como hacía Luta, cuando no roncaba en la cama de al lado. Y yo seguía hablando en inglés, porque bueno, uno nunca pierde las esperanzas.

Marina, pasame mis cosas que están tu mochila. Ya había pasado el control de frontera, y Luta podía respirar en paz, con sus productos comprados en Mongolia para vender en Ulan Ude. Un mongol de otro kupé había venido varias veces a decirme que yo era buena persona y que le escondiera cosas también. Casi que cierro negocio cobrando comisión, pero ya me imaginaba con todo el mercado negro de Mongolia sin declarar en mi mochila, un pasaporte sin Visa, y una gorda y maciza rusa mandándome fuera del tren.

Después de 8 literales horas, de controles y cambios de locomotora, en Sukhbatar (Mongolia) y Naushki (Rusia), el tren volvió a arrancar rumbo a la vía transiberiana, rumbo a Ulan Ude. En el camino, la Siberia rusa nos dio la bienvenida con chiquitos de cabezas rubias saludando desde lejos al tren, y casas de madera marrón y verde, con ventanas de postigos azules. Llegó el atardecer, con sus colores naranjas sobre montañas y lagos calmos. Pasamos por pueblos, tan cerca como para ver al ruso regando su huerta. Y entonces, con el mongol de la cama de arriba y con Luta, nos comimos la sandía que me habían regalado Peppie y Sam cuando nos despedimos en Ulaanbaatar, y una especie de salamín con queso (al estilo del bahiense chorizo parmesano). Porque en el tren se comparte todo.

Y entonces, transpirando en Siberia, fuimos tres sonrisas más desde la ventana del tren.

MAS FOTOS, AQUÍ

DATOS ÚTILES

-          Pasaje Ulaanbaatar – Ulan Ude: T52000. El tren tarda 24 horas en llehar aproximadamente, 8 de las cuales está parado en sendas fronteras.

-          Tiempo: una vez que cruzás la frontera, tenés que sumarle una hora a tu reloj. Los rusos miden el tiempo según la hora de Moscú. Si tu tren llega a las 17.00 por ejemplo, y estás en Ulan Ude, tenés que sumarle cinco horas (son las 22.00). A medida que te vas acercando a Moscú, vas ganando horas.

-         Dónde dormir: no sé si vale la pena pasar la noche en esta ciudad, el tren a Irkutsk te da una hora de margen cuando para en Ulan Ude, en la que podes recorrer el centro y ver incluso la cabeza de Lenin, la mas grande del mundo.

-          Dónde cambiar plata: si todavía tenés moneda mongola, asegurate cambiar en Sukhbatar, porque una vez que cruzás la frontera ningún ruso acepta T. Hay un gordo que está todos los años en la estación de tren, y podés cambiar tu plata durante esas 4 horas que pasás ahí.


Nómade en Mongolia

2 junio 2010

Cerrá los ojos e imaginate arriba de un camioncito, cortando campos y estepas verdes, amarillas y marrones. Estás en Mongolia y cada kilómetro te regala una vista distinta e increíble. ¿La contstante? Ese toque mongol del paisaje, las aves de rapiña y los huesos y cadáveres de vacas, caballos, ovejas y cabras que no sobrevivieron al invierno (en 2010 la temperatura bajó a 40º bajo cero). O a la primavera, que seca y dura como es mata animales y personas.

¿Qué es Mongolia? El Gobi, un desierto plano, blanco, azul y famoso. Estepas verdes pobladas de ovejas, cabras y vacas. Pocos árboles y horizontes sin fin. Una historia de guerreros conquistadores que llegaron a asustar a Occidente con el grito de Atila, el Huno, y al resto de Oriente con la sombra de Chinggis Khaan (Genghis). Un pasado que no puede verse en sus ciudades de techos de colores, casas de madera y monoblocks… Pero que puede sentirse en sus caballos  salvajes, y en los campamentos de los siempre amigables nómades.

Volvé con la imaginación al camioncito, para atravesar tierras mongolas, soñar sus paisajes, y viajar como los nómades. Pará en algún restaurant de ruta o casa de familia para comer, y dormí la noche en una Ger, la típica carpa mongola, con la comodidad de una casa en su interior. Puede ser en medio de un campo, o en un pueblo, en el jardín de una casa amiga. Perdete durante las tardes entre un rebaño de ovejas y cabras. O arriarlo arriba de un emblemático caballo mongol (uno de los ancestros de todos los caballos de hoy).

Seguí galopando hacia donde el horizonte te muestra un campamento Ger y compartí con su familia un bowl de leche o yogurt fermentado. Cortá campos y caminos, cruzá cerros y montañas para ver qué hay del otro lado. Porque sí, en Mongolia hay muchos – y lejanos -  horizontes, pero ningún alambrado.

Y después de pasear arriba de un camello del Gobi, atravesar arroyos y puentes de madera, y saludar a las moscas del baño (si es que lo encontrás, siempre tan alejado de casas y carpas)… abrí los ojos en medio del paisaje mongol – totalmente nuevo incluso para quienes han viajado mundos- y dedicate solamente a disfutar.

_______________

Quizás los lugares se disfrutan más cuando estás acompañado; porque acalladas las inquietudes y las ansiedades, que te hablan tanto cuando estás solo, te dedicás simplemente a ser. Y no es ninguna novedad que la calidez de las personas hace más que la compañía en sí.

A bordo del camioncito manejado por Mishke (así sonaba el nombre), y entre sonrisas tímidas de la “traductora” (que hablaba tanto inglés como nosotros mongol), disfruté mis días de nómade con Sam y Peppie, Bélgica y Holanda.

“He who drinks gets drunk. He who gets drunk goes to sleep. He who sleeps does not sin. He who does not sin goes to Paradise. So… lets all drink and go to Paradise!”. Ocho días de cerveza, Chinggis Vodka, o simplemente Coca Cola y Mongolian Milk Tea (té, agua, sal y leche). Pero siempre el cocktail más fuerte, Mongolia mismo, que nos mandó a todos al Paraíso.

FOTOS: AQUÍ.

DATOS ÚTILES

-          Ulaanbaatar: es una ciudad fea aunque quizás tanto que se torna interesante. En temporada baja podés estar dos días buscando un grupo y un tour afín para escaparte al Interior (countryside). Sin embargo, te da la oportunidad de colarte en una de sus placitas de barrio y jugar al basket o al quemado con los chicos del monoblock vecino.

-          Tours al Interior/countryside: cuestan entre USD35 y USD100 por día, todo incluído. Depende de si vas solo o con grupo de 6 (no pueden ser de más personas). Está lleno de agencias, es cuestión de mirar un poco y después tomar la decisión. Las opciones son miles: al Gobi (11 días), al Oeste, al Este… con diferentes rutas. También tours en bicicleta, horse riding, camel riding, etc.

-          Dónde dormir: UB GuestHouse es bastante popular, si buscás mochileros, éste es el lugar. También organizan tours, compran pasajes de tren y gestionan Visas para China o Rusia. Precio: USD6 por noche. Lotus Guest House es mucho mejor en cuanto acomodación, con sensación de casa, y sale USD 8 por noche. El staff habla inglés muy básico y el dueño es Aki, un holandés que destina los fondos del Hostel para una escuelita de Ulaanbaatar.

-          Pasajes Transiberiano (a Rusia o a China): podés comprarlos vía UB Guest House, te cobran USD 5 de comisión pero te ahorrás lidiar con el idioma y el tiempo en la Estación de Tren (sumado a que en definitiva entre taxi de ida y vuelta te termina saliendo lo mismo). A Ulan Ude en Rusia el pasaje cuesta T 52.000 en kupé (hard sleeper); a Irkustk, casi el doble.

-          Dónde comer: Ulaanbaatar no se caracteriza por buenos restaurantes ni platos ricos. Sin embargo hay miles de restaurantes donde probar cualquiera de sus comidas tradicionales. No dejarse llevar por las apariencias, e ir preparado a comer carne muy grasosa y fritanga.

-          Bars y Pubs: si son más de las 11.00 pm el único bar disponible es tu cuarto del hostel con lo que te compres en el kiosko.

-


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.