Annie Bruselas

Alta, caderona y delgada, Annie agarró su pelo negro y sus dientes marrones de fumar y se fugó hace un año a Tailandia, a buscar a su marido. Pero él ya había decidido pasar sus calores con una novia y muchas amantes en Chiang Mai, por lo que Annie se refugió en el sur. Levantó una casita en Surat Thani, con jardín amplio y vista al río, donde enseña francés e inglés y donde extraña  sus 4 hijos (dos de ellos del matrimon io anterior).

La conocí camino a Bangkok… ella hablando por teléfono a gritos y caminando con familiaridad el suelo tailandés. Yo sentada bajo el cielo oscuro pensando en el sabor a frutos del mar de las Pringles que acababa de ver. Dónde? En uno de los tantos puestos en los que para el bus de 16 horas camino a Bangkok. Donde matás tiempo y donde cultivás tu paciencia.

La suerte quiso que habiendo llegado a destino y no-se-por-qué, le comentara que me dirigía a Chiang Mai. “Yo también” me dijo, y que se iba en el tren de las 8.00 am a buscar a sus dos hijos que venían a vivir con ella.

Después vino un Expresso para ella y un Americano para mí. Que en Bangkok hay 14 millones de personas y que es un número impensable para la little Bruselas. Que le tuvo que pagar el pasaje a sus hijos porque a su ex marido un cáncer le come los ahorros como la vida.

Annie me bautizó en el nombre de Bangkok, del transporte público y de los precios baratos. Trinidad con la cual podés convertirte en el catorce millón más uno. Gracias Annie y que encuentres paz.

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