Sólo un título

¿Ves alguna señal de comunismo en Vietnam? Me pregunta Binh, con su remera azul, de alguna copa asiática de fútbol, mojada y pegada a la espalda. Hace calor, los dos traspiramos en el colectivo de pocos asientos. En los faroles de la calle se intercalan la bandera vietnamita con la del martillo y la hoz. Rojo y amarillo, estrella vietnamita, martillo y hoz, estrella vietnamita, martillo y hoz…

No, le contesto. “Is just a title… we love property” me dice.

Pienso en el Tío Ho (como cariñosamente se lo recuerda al Ho Chi Minh de los billetes vietnamitas), pienso en los 100 años de ocupación china, o en la Cochinchina de los franceses (sí, la Cochinchina existía y quedaba acá). Pienso en los miles de ciudadanos peleando una guerra de guerrillas, en los 60’/70’, porque ya estaban perdiendo también su familia, cuando no su vida. Viet Cong, norteamericanos, rusos y chinos, Kennedy y Johnson… “Comunismo”, sólo un título, los vietnamitas lucharon por su propiedad: su tierra, su familia y su vida.

Me acerco a Binh. Al Binh nacido en Saigon de 1975, cuando todavía era Vietnam del Sur. Y me pregunto si en el norte conservador piensan igual.

¿Y los amerasians? Le cuestiono en tono de recuerdo, porque había escuchado sobre el rechazo hacia los hijos de madre vietnamita y padre soldado, pero soldado yankee. Se ríe.

Yo tuve un amigo My Lai (mi- lai), no lo volví a ver más desde que vino a llevarse a su madre.

Los My Lai son los hijos de mujeres vietnamitas y soldados yankees, también conocidos como “children of the dust”. Una vez finalizado el conflicto, estos hijos de la guerra quedaron sin padre y sin apellido. Para un vietnamita conservador era motivo de rechazo tanto el hecho de que estos chiquitos llevaran sangre americana, como que fueran hijos de madres prostitutas, y además, mujeres que se habían relacionado con americanos. Un hombre podía estrecharse manos con ellos, no una mujer.

Según había leído yo, estos tristemente nombrados children of the dust no sólo fueron rechazados sino incluso a veces abandonados y privados de oportunidades educacionales y vocacionales.

Pero ésos eran sólo los de Vietnam del Norte, conservadores, tuerce Binh. En el sur somos más “open minded”. Nosotros nacimos y crecimos con los My Lai; y,  después de todo, son también vietnamitas ¿no?

A Binh y a su amigo los diferenciaba sólo el color de pelo. Ambos nacieron el año en que Estados Unidos se retiró del conflicto, y ambos corrieron las calles de una Vietnamita unificada, todavía caliente de bombas y minas. A fines de los 80’ el Orderly Departure Program permitió tanto a Amerasians como a refugiados políticos a instalarse en Occidente, mayormente en USA.

Sin un padre a quien buscar, dada la falta del apellido, los amerasians volvieron a quedar huérfanos, esta vez de madre. Si bien el Programa contemplaba también su traslado, junto con su hijo, en la mayoría de los casos se trataba de mujeres muy humildes que no tenían seguridad de conseguir trabajo en América y asegurarse una vida. Ante ese temor, decidieron quedarse y le cobraban un buen número en plata a vietnamitas ávidos de emigrar, para que lo hicieran en calidad de padres adoptivos. Claro que éstos debían pagar otro buen número a la Policía para “arreglar” los papeles. Y como esta supuesta “adopción” era sólo una cuestión de trámite, una vez en USA,  sin lazo de sangre y sin amor, estas nuevas familias se quebraban.

Qué pasó con tu amigo? Le pregunté.

Se separaron también, cuando terminó el colegio. Después de unos años volvió a buscar a su madre a Vietnam. Esa fue la última vez que lo vi.

No vi ningún rubio de ojos achinados por las calles.

Ninguno quiso volver. Ya no hay My Lais en Vietnam.

Quizás podés buscar a tu amigo en Facebook. Nos reímos.

Comunismo, amerasians, padres e hijos adoptivos… “Just a title” vuelvo a escuchar en el recuerdo. Pero los vietnamitas son hijos de la guerra, y aunque pase el tiempo, y estén lejos o cerca, llevan ese apellido tatuado en su vida.

One Response to Sólo un título

  1. Mamá dice:

    Fue una guerra espantosa, tal vez como todas las guerras. Pero tengo la impresión de que ésta fue peor.
    Todo muy brutal. Y nosotros nos quejamos…
    Seguí contando más anécdotas que em encantan.
    Das ganas de viajar.
    Besos y más besos

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