No hay nadie como tú

Abris los ojos y te acordás que estás en China. Adentro, tu mundo interior tan conocido; afuera, montañas coloradas y verdes, quebradas, terrazas de arroz y valles con plantaciones de todas las verduras. Cómo te gustaría conciliar los dos mundos! Vos y afuera, vos sentada entre chinos que no te entienden y que no entendés. Solo un intercambio de sonrisas. Vos en China, en esos caminos de ruta salpicados de pueblitos con techos chinos de tejas, y frescos en las paredes blancas de las casas. Qué tienen sus paisajes y el color de sus montañas que tanto te asombran, no sabés. Más adelante vas a concordar con María, una española, que tienen ese no se qué, esa magia.

No hay nadie como túuuu, no hay nadie como tù mi amorrr… suena Cafe Tacuba con Calle 13 en tus audífonos. Y en el Bus, sentada con tus pantalones de la tribu Red Dao de Sapa (Vietnam) le cantás en español a Dali, que te recibe con sus casitas, su ciudad vieja, sus piedras y tejas, entre el lago Erhai y las montañas.

Seguís un poco perdida, pero si te manejaste perfectamente en Kunming, ciudad moderna, ¿qué te puede pasar ahora? Bicicletear campos y caminar antiguos pueblitos es tu especialidad. Antes de tu cita con la ciudad, averiguás sobre ir al Tibet. Morís por cruzar por tierra desde Shangri-La (al noroeste de Dali) a Lhasa. Un camino increíble te dijeron, y lo podés creer. Pero estás sola, no encontrás grupos ya organizados para unirte –el cruce solo es posible mediante agencia/tour – y te dicen que es muy complicado armarte uno. Finalmente, lo que te decide por el no es la imposibilidad de cruzar por tierra debido al reciente terremoto en tierras chinas, o eso escuchaste, aunque puede ser otra razón. Sólo avión a Lhasa, y ya sería otro tipo de viaje.

Dormís como no dormiste en meses, y renovada te comés una tostada en la ciudad vieja que se despierta, que se llena de a poco de las señoras que te ofrecen sus hierbas para fumar, de los muchos turistas asiáticos, de los vendedores de ropa, accesorios y souvenirs que disfrazados de personajes étnicos te invitan a entrar en sus locales. Esos locales que abren a las 9.30 am (son de buen dormir los chinos pensás). Y sí, entonces la vieja ciudad de Dali se convierte en un Disney entre sus muros de piedra y sus grandes cuatro puertas chinas.

Te escapás al mercado vecino… y qué concurrido por los locales, qué largo y qué colorido!! Te perdés entre monos muertos, tés, zapatos, ropas, cacerolas, telas, frutas, caramelos y carnes. Lo que se te ocurra está ahí. También gorros con ventilador incluído. Y después de casi tres horas – sí, pasaron tres…- ponés las manos en el manubrio y te vas a explorar el campo, sus villages, y el lago Erhai.

La bicicleteada no puede ser más linda pensás. Y te acordás de Suzanne, compañera en dos ruedas de caminos vietnamitas. Cómo le gustaría también Dali. Te tomás un descanso en las orillas del lago. Silencio. Un deck de maderas perdido entre árboles. Sólo vos y tres pescadores chinos que te sonríen. En frente, la típica postal china. Un lago azul y calmo, coronado de montañas coloradas, un muelle a lo lejos, y un árbol. Pensás en G, pasado mañana va  a ser su aniversario, y lo extrañás tanto! Pero lejos de ponerte melancólica te subís de nuevo a la bicicleta y le respirás a la vida cuando atravesás los campos verdes. Nijao! Nijao… nijao (con la jota aspirada) saludás a los locales que trabajan sus tierras. Miles de ellos en cada porción de tierra. Miles de chinos como China tiene.

Y por qué esa manía de meterte en los barrios, esos de calles angostas y muchos perros que ladran – y que no querés averiguar si muerden -. Por suerte para vos, en China tienen la costumbre de atarlos. Porque aunque te de vergüenza, hasta el perro más chiquito e inofensivo te asusta. Te acordás de esos años infantiles en que el jardinero le tiraba con su rastrillo a los perros imprudentes de siempre; el sodero lo hacía con el sifón; el panadero con la flauta. Y vos arriba de tu bicicleta sólo tenés para defenderte tus castillos en el aire, impresiones chinas y algunas fotos!

Finalmente llegás por la noche para apreciar a la Dali que se duerme, la que está solo con algunos turistas resagados, luces de colores y mujeres tomando clases de baile . Muy pintorezca ciudad, ideal para agarrar la bicicleta o la moto y perderse en los miles de caminos que conducen a un mismo lugar: el de tu mundo interno en la certeza de saberte ahí.

MÁS FOTOS: AQUÍ

DATOS ÚTILES

–          Dónde dormir: Friends Guesthouse es una opción bien barata, está justo en la entrada sur de la ciudad vieja. Bien básica también. Pero por 30 RMB la doble no se puede esperar mucho mas.

–          Dónde comer: Bad Monkey es un restaurant/bar que no figura en lonely planet y es bueno y barato. En general, en todos los lugares desayunar te sale lo mismo que comer (RMB30), por lo que conviene tomar el desayuno en la calle o prepararse algo en el cuarto. Si almorzás o cenás en los puestos de la calle, podés comer por RMB10 o incluso menos, como en cualquier ciudad de China.

–          Qué hacer: lo mejor es agarrar la bicicleta (RMB 20 por dia) y/o la moto para desaparecer de la ciudad y sus turistas. Entonces llegás a lugares super lindos, todos apuntados en la Lonely Planet. Para caminar la ciudad es ideal a la mañana bien temprano, cuando sos solo vos, las montañas teñidas por la sombra de la nube de turno, los chiquitos que van al colegio y los viejos que salen a pasear. La vida comienza a las 9.00 am.

–          Transporte:

o   Bus de Dali a Shangri La: RMB 70, seis horas.

o   Bus de Kunming a Dali: RMB 134. Te deja en la bus station, más cerca de la ciudad nueva. Te tomás el colectivo público número 4 u 8 (y después el 19) a la ciudad vieja. Los tickets cuestan RMB 2.

2 Responses to No hay nadie como tú

  1. agus arias dice:

    qué bueno marin! re lindo el blog! me acordé jajaja
    cómo andás?

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