La sonrisa perdida

Dicen que entre los miles de los famosos soldados de terracota, en China, no hay uno con la misma cara. Pero cuando estás ahí, frente a frente, tampoco ves a uno con una sonrisa. No más que expresiones trisites debajo de sus bigotes. Porque sí, todos tienen bigotes como prominente panza, dos símbolos de belleza en la China de hace 2300 años.

Dicen también que la historia la hacen los ganadores, pero en la expresión de cada soldado de terracota se refleja la vida y los sentimientos de cada uno de los miles de chinos que trabajaron en ellos, con la certeza de que una vez finalizada la obra morirían. Porque sabían que debían llevarse el secreto a la tumba.

Los guerreros de terracota son miles también, y están logrados con un nivel de detalle que impresiona, desde las plantas de los pies hasta el peinado de sus cabezas. Miles, en tamaño humano y hoy Patrimonio de la Humanidad, que representan a las 56 diferentes etnias chinas de la época. Las mismas que unificó Qin Shi Huang bajo su imperio.

Dos mil trescientos años atrás, Qin Shi Huang mandó a construir esta Armada Imperial para que lo protegiera después de muerto. Aunque algunos arqueólogos sostienen que Qin Shi Huang creía que su gobierno continuaría desde la ultratumba.

Fue uno de los más grande emperadores de China en términos de logros. Su gobierno comenzó cuando tenía 13 años, y durante los 30 que siguieron podría haber escrito en el libro de Guiness la unificación de China (incluído el lenguaje), la construcción de la Gran Muralla y el imperio de sus Guerreros de Terracota. Sin mencionar su imponente tumba, en un cerro creado por hombres. Y hablando en términos de records, también puede atribuirse a Qin Shi Huang cantidad de muertes debido a sus caprichosas obras.

Dicen que el miedo es el peor enemigo del hombre. Qin Shi Huang temía – como Hitler temió muchos años después-. Miedo a la insurrección, miedo al engaño. Miedo a la muerte que no hizo más que generar más muertes, incluída la suya. Porque lo que tenía de importante figura patriarcal lo tuvo también de supersticioso. En los callejones, entre juegos de fichas y tazas de té se cuenta que Qin Shi Huang murió repentinamente, muy joven, envenenado por una poción que había tomado para prolongar su vida.

Y quizás la historia se ocupó de alargársela por ella misma, sin pociones, y con los chinos que hoy, dos mil trescientos años después, trabajan incansablemente y todos los días para restaurar a la Armada, enterrada por el tiempo y algunas batallas.

En tierras de Xian, escondidos durante miles de años, y entre los huesos de sus moldeadores, permanecen bajo tierra los soldados de terracota. Con su majestuosidad característica, esa triste expresión en la cara, y la eterna pregunta… quién hace la historia.

 

MAS FOTOS: AQUÍ 

DATOS ÚTILES

–          Dónde dormir: Shuyuan Hostel. Muy muy lindo y recomendable. RMB 30 en dorm. Cálido y para quedarte horas leyendo en uno de sus sofás. Un bar muy canchero por la noche. Buena moivida de viajeros. Muy bien ubicado. Podés llegar caminando a todas las atracciones de la ciudad.

–          Comer: imperdibles los dumplings chinos y el té de Jazmín. Y una opción barata además. A la hora de buscar lugar afuera, no hay como meterse en las calles más chicas y elegir algún restaurancito de barrio.

–          Terracotta Warriors: la entrada sale RMB 90. Vale la pena pagar 100 más para un guía o tour. Si no, bien vale una buena leída histórica antes de adentrarse en la zona.

–          Transporte:

  • Taxi del aeropuerto al centro de la ciudad: RMB 150! (son 45 kilómetros). Si llegás temprano podés tomar el shuttle bus, gratis.
  • Tren a Beijing: RRMb 427 (soft sleeper)
  • Estación de tren, a 15 minutos en public bus desde el centro de la ciudad.

–          Atracciones: además de los guerreros de terracota, la City Wall, la Bell Tower, Drum Tower, Muslim Quarter y market, Great Mosque, Ancient Street, Big y Small Goose Pagoda. Imperdible: probar alguna de las tantas comidas del mercado musulmán y perderse en calles y callejones de la ciudad, donde los chinos juegan fichas en mesas sobre la vereda, pintan, y hacen pinceles a mano.

4 Responses to La sonrisa perdida

  1. Dino dice:

    Me imagino la alegría que tienes de poder realizar tus deseos!!!!
    Un abrazo
    Dino

  2. pa dice:

    Marin, por donde andáis !!!
    Se te hicieron realidad tus programas chinescos !!!
    Un beso, pa.

    • Marina Kempny dice:

      Es que los programas chinos son los mejores!
      Ando por Mongolia, recien llegada y esperando enocntrar un grupo para sumarme en un tour por el campo y el desierto. Después cuento!
      Besos

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