Memorias del tren

Dicen que en Memorias del Subsuelo, Dostoievski volcó la oscuridad de sus – muy crudos para él – días de exilio en la Siberia. Y si de subsuelos se trata, nosotros nos ahogamos en uno de ellos, el mismo Infierno, a medida que el tren 349 atravesaba la vía transiberiana y dejaba atrás la ciudad de Omsk (la misma en la que padeció el autor). El calor de junio y de los pasajeros del vagón número 11, platskart, chocaba con las ventanas selladas y mojaba almohadas, sábanas, panzas de cerveza sin remera y toallas en la frente. Al tiempo que nuestras mentes aplastadas despertaban demonios.

Dima, por decir Juan Fulano, traspiraba la cama de arriba; y en la mesita de abajo llovían las canas de su pecho florido y blanco. Despacito como copos de nieve, entre caspa y plumas del colchón, posándose sobre tazas de té, libros y anteojos. Despacito, en silencio, como su callada presencia. Por momentos las piernas de su pantalón pijama aparecían desde el techo, con un movimiento ágil, rápido, silencioso. Y entonces Dima se sentaba a los pies de mi cama, sin hablar con ninguno de los demás pasajeros pero con inquietos ojos azules que miraban y escuchaban todo. Debajo de su cabeza oscura y entrecana le faltaba pasión a sus facciones y su cuerpo todo. Pero sin embargo me recordó a Dmitri Karamazov (Los hermanos Karamazov, Dostoievski), quizás por su imagen decadente, y esa apariencia de mente quebrada. Aplastado como todos nosotros por el calor del Infierno, Dima además parecía  perdido en sus demonios internos. Entonces el tren llegó a la ciudad de Tyumen, Dima bajó nuevamente de su cama, devolvió sábanas y toalla de mano a la provodnitsa (mujer encargada del vagón), preparó bolso y ropa. Cambió su pijama manchado en la cola por un pantalón oscuro con cinturón, y desdobló la camisa guardada. Abotonó los puños celestes y sucios. Chasqueó con un tssstt sus dientes de oro. Se bajó del tren.

En el compartimiento de al lado, Irina me invitaba a tomar un té en su cama, que se convertía en mesa. Rusa buyrat, proveniente de Chita, llevaba a Moscú sus 20 años y sus ojos rasgados a lo mongol. Su actriz preferida era Natalia Oreiro, en todo el vasto mundo, que además consideraba tan beautiful girl. En sus días de tren, soñaba con la Visa para ir a trabajar a USA y extrañaba a su novio Sasha. Nos conocimos porque yo lo llamé, me contó. Trabajaba como mesera en un bar, lo vi sentado en una mesa, me gustó, conseguí su teléfono por un amigo. Entonces Irina se calzó tacos altos (esos tan altos como usan todas las rusas) y el mejor vestido. Sus amigas le enrularon el pelo lacio teñido de rubio. Y desde entonces Irina caminó las calles de su barrio con novio en mano.

May I take a picture? Me preguntó en el pasillo Zhenya, ruso de la ciudad de Perm. Shast for memory in mai maind. ¡Claro que sí!  Sonrisa los dos y flash de su cámara. I happy because met you, brave girl in Russia alone, cool… Argentina, cool. Zhenya volvía a casa después de asistir en Irkutsk a una escuela misionera y a una Conferencia de un importante personaje de su religión, y venido desde Nigeria you know! . Me, cristian, me explicaba. Y al final Pufst! un diploma sí, una sonrisa, y vuelta a Perm con su amigo también cristiano.

Para entonces, la mitad del vagón estaba pendiente de nuestra conversación en basic –muy basic – inglish. Irina, Zhenya, yo, los chicos que me preguntaban si en Argentina jugaba al Counter Stricke en la computadora, los rusos en cuero y con tatuaje que miraban de lejos, las señoras que atentas y con sonrisa seguían la charla (con las traducciones forzadas de Irina) y se pasaban la voz entre ellas.

El tren se acercaba a Ekaterinburg, mi parada.  La provodnitsa pasó anunciando la pronta llegada. Fui a preparar mis cosas. Y minutos más tarde, todavía con cepillo de dientes en mano, me encontré a una señora esperándome en la puerta del minúsculo baño. Me enseñó entonces un papel escrito a mano: “Welcome to our home in Krasnoyarsk”. We’ll be very happy if you come, our family veeery long, mum, dad and three childs. Y seguidamente, Liza – que así se llamaba según su firma en el cartel – tan cariñosa, tan sonriente, rubia y flaca, anotó la dirección de su casa.

Zhenya también había estado escribiendo su papel para regalarme. We are very happinest that we met you! I belive that we are met again. We will be to learn English and Spanish, and visit your country! Marina is very beautifull and cool girl! Respect for you! Love! Zhenya!

De a poco, el sol del atardecer y la calidez de los rusos del vagón exorcizaron demonios y me rescataron del subsuelo. Puse mi primer pie en la estación de Ekaterinburg, y me alejé. Feliz.

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