Desde el techo

Corríamos por las calles desiertas de San Petersburgo. Calles de edificios antiguos y pomposos, calles sin árboles, calles con tranvías. Corríamos. Anna de la Siberia, Pavel del barrio y yo Marina from Arguentina. Quién nos apura? El sol me contestaron. Entonces empezaron a disminuir la velocidad a mitad de una cuadra. Había un cartel rosa de Wild Oscar Bar y me imaginé sentada en sus mesas de bar under. Pero nos metimos en el edificio de al lado, viejo como todos, con pasillos, autos y patios internos donde se esconden las puertas que llevan a los departamentos. Atravesamos la reja; Pavel apretó los cuatro dígitos de la clave de la puerta de entrada y shhh despacio y en silencio empezamos a subir las escaleras. Ninguno era nuestro departamento. Despacio y en silencio, subiendo escaleras. Pensé en Raskolnikov (Crimen y Castigo, Dostoievsky), pensé en todas las viejas con pañuelo en la cabeza que venden flores y frutas en las calles de los barrios como en el que estábamos, barrios como los de Dostoievsky y sus personajes. No muy lejos de Sennaya Ploshid (Hay Market), la plaza que Raskolnikov cruza al principio de la novela.

Y entonces, oscuridad, tablones, escalones sucios… para de repente ver el color naranja del sol rebotando en las cúpulas de Iglesias y en los edificios cercanos. Estábamos en el techo. San Petersburgo nos pertenecía. Clin clan clan clin se hundían las chapas bajo nuestros pies, y evadiendo cables llegamos con cerveza y snickers en las mochilas para brindarle al sol y a la ciudad.

Hablamos de sueños, de despertares, de esas cosas sobre las que escribió Carlos Castañeda, quien para los rusos es mucho más que un Don Juan. Hablamos de estar fuera del cuerpo. Cuando tomás conciencia de que estas soñando, es muy fácil despertarte, decía Pavel mientras el sol se nos perdía de vista. Pero tratá de mirarte las manos, a mi me funciona, entonces sigo soñando y despierto a la vez. Conceptos, ideas, nubes, el cielo naranja, la silueta de los edificios más lejanos… todo parecía confundirse. No estaríamos soñando también? Cuál era la realidad?  Y estoy en San Petersburgo, pensaba, de incógnito en el techo de un edificio de departamentos. Con el clin clan de las chapas. Y el sol que se iba.

Empezaba a oscurecer. Y San Petersburgo me decía Adiós con su atardecer, mi último. Los viajes están tan llenos de chaus! También holas. Pero qué hacer cuando sólo querés decirle hola a tu último adiós, a un abrazo prohibido, a una mirada.

Bajamos en silencio. La puerta se cerró detrás de nosotros. Y afuera la ciudad estaba aún más callada. Callada y vacía, con sus imponentes edificios y palacios. San Petersburgo y un Adiós.

FOTOS DE SAN PETERSBURGO, AQUÍ

2 Responses to Desde el techo

  1. leandro dice:

    muy buenas fotos.. esperando mas historias… beso

  2. pa dice:

    AY MARINA !!!
    UN BESO
    PA

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