El sol de Cracovia

Es verano en el castillo, es verano en las calles medievales y en las viejas paredes de los callejones adoquinados. Es verano en Cracovia. Sólo las Iglesias, tantas, tan grandes, tan impresionantes, ofrecen un respiro bajo sus estructuras de estilo gótico, barroco y romano.

Camina un monje dominico , reza una señora las cuentas de un rosario. Vuela una mosca. Cloc cloc cloc, pasan dos elegantes caballos y un carro antiguo.

Y en la plaza central, los turistas descansan bajo los toldos y sombrillas de los Cafés. El mercado abrió sus puertas y los puestos despliegan souvenirs polacos, ranas de peluche verde, matrioshkas rusas.

Son las tres de la tarde, y en una placita escondida, hombres de una región de Polonia festejan su aniversario. Llegan con cantos, matracas de madera y panderetas. Un caballo, un carro con trigo. Y polacos y polacas, bajo el calor de sus vestidos medievales,  se agolpan alrededor de un hombre de traje que los agita desde un escenario.

Al lado hay una pequeña fuente, también huecos en el piso que escupen chorros de agua. Y varias bombachas y calconcillos moviéndose de un lado a otro. Sin ropa, corren los chiquitos entre chorro chorro, saltan, se ríen, se mojan, ajenos al espectáculo de al lado. ¿Puede haber algo más entretenido? No para ellos, no para sus padres que les sacan fotos, no para los que pasamos por ahí y nos reímos con sus carcajadas infantiles.

Qué linda ciudad Cracovia. Difícil de creer que sólo a una hora y media está Auschwitz, con sus almas muertas, con sus duros recuerdos que te sacan el hambre. “Cuando estés adentro, respirá bien hondo, va a ser rápido y no te va a tomar mucho tiempo”, le dijo Adoniah a su primo griego, cuando en 1942, lo reconoció entre el grupo de judíos que ese día entraba a una de las cámaras de gas. Y, como varios más, el primo no sabía que bajaba al subsuelo de su propia tumba. Era 1942 entonces, y Adoniah debía recibir a los grupos, indicarles dónde desvestirse, señalarles la habitación de los “baños” y después preparar los cuerpos muertos para el crematorio. Judíos como Adoniah, destinados a ese trabajo, debían extraer – entre otras cosas – dientes de oro y el pelo de sus muertos (que luego se enviaba a Alemania para fabricar telas). Y esa primavera, lo único que pudo hacer Adoniah por su primo fue regalarle esas últimas palabras, y más tarde limpiar cuidadosamente su cuerpo muerto. Después una oración y el crematorio.

Es verano en Cracovia. También en las antiguas casas del barrio judío. Y en sus puestos de Zapiekanki (baguettes rellenos como si fueran pizzas) y kebabs. La sombra de los parques recibe ciclistas, mujeres con cochecitos y hombres de pantalones rotos que se te acercan con el olor de sus remeras sucias. Uno te pide que le arregles el reloj de mano, otro balbucea en polaco. Pero siempre pacíficos, como las palomas que te bañan de negro si te sentás debajo de sus árboles.

Y a unas cuadras, siguen ahí, las calles de la vieja Cracovia, que te pierden en encanto. Pasa un tranvía azul; un hombre mira por la ventana de un edificio; la puerta de un viejo bar duerme la siesta bajo el sol de las tres. Adiós Cracovia.

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DATOS ÚTILES

Polonia es un país muy lindo. Definitivamente para volver. Camino a Praga, en República Checa, el colectivo atraviesa paisajes muy coloridos. Cerros, campos, quintas y chiquitas ciudades todas de casonas rurales de época medieval, con un grande castillo y una fantástica Iglesia. Dicen también que el norte de Polonia es un destino obligado del país.

Dónde dormir en Cracovia: Goodbye Lenin, hostel. Muy bueno, cómodo, staff super buena onda. Entre € 10 y 14, con desayuno incluído (y un increíble desayuno). También suele haber BBQ de salchichas asadas, invitación de la casa.

Dónde comer: hay miles opciones, todas muy baratas, porque Cracovia es barata. Podés gastar entre € 3 y 10. No dejar de probar: Zapiekanka y kebab en los puestos de la calle del barrio judío (tienen una square principal que se llena a la noche de estudiantes y de este tipo de puestos). Los bares de este barrio están muy bien a la noche también. La cerveza es muy barata en toda la ciudad.

Cómo llegar desde Lituania: Bus de Eurolines desde Vilnius a Varsovia, de ahí te tomás el tren a Cracovia, en la misma estación de buses donde te deja el colectivo. Importante, sólo se paga en efectivo el pasaje de tren (40 polacos).

Cómo ir a Polonia: Bus de Eurolines a Praga: € 30, siete horas. No salen todos los días. También hay varios trenes, que tardan solo una hora más, cuestan prácticamente lo mismo y salen más seguido. Estación de bus y de trenes están en el mismo predio.

Cómo ir a Auschwitz: queda en la ciudad de Oswiecim, a hora y media de Cracovia. Salen buses todo el tiempo, todos los días. € 5 pasaje de ida y vuelta. En la estación de bus preguntar por la plataforma, el pasaje se compra a bordo.

4 Responses to El sol de Cracovia

  1. Dino dice:

    Decile a Giovanna que nunca me contestó el mail que le mandé.
    Un abrazote
    Dino

  2. Giovanna dice:

    Marina, sei proprio brava e coraggiosa.
    Ti aspettiamo a Udine. Facci sapere la data di arrivo. Non siamo “avventurieri” come te ma ti faremo conoscere il paese dei tuoi nonni.
    Mandi (Ciao/Hola in friulano)
    Un beso

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