Ojalá Venezia te enamore

Thank you very muchoo!! salía de la boca de Marchelo, y de su nombre italiano, como sus días y sus piropos. Todavía con cierto ritmo en sus palabras, después de cantar Ojalá Venezia te enamore, su voz se perdía con la góndola al doblar una esquina, junto con los acordes de la guitarra de su próxima canción, junto con el gondolero – de remera a rayas – que traspiraba en la popa, junto con las sonrisas de los tres chinos, que sentados en el medio vivían encantados su postal veneciana. Al día siguiente, mandarían ese momento a su familia, por correo postal, hacia allá, donde los ojos rasgados adornan la cara de cientos de miles, con o sin gorrita, con o sin remera de tour organizado.

Sin niebla porque es verano, Marchelo se perdía entre canales. Los que cruzaban por alguno de los puentes de Venezia, lo escuchaban, lo aplaudían, se enamoraban de Venezia. Y la ciudad rebalsaba de turistas… en sus calles de solo peatones, en sus callejones sin salida, en sus negocios de máscaras y caretas, en sus heladerías y cafés.

Chiquitos y grandes perseguían palomas en la plaza de San Marco, mientras otros se llenaban el cuerpo de migas de pan para sacarse una foto con ellas. Migas en los brazos, en las manos y hasta en la cabeza. Una mujer de blanco pomposo abrazaba a un saco-y-corbata para posar frente al flash de una cámara. Y en medio del caos, allá arriba de cada edificio, calmas, silenciosas, e indiferentes, las estatuas de años parecían  prestar atención solo al sonido de los violines y pianos de los restaurantes.

Abajo, entre la gente y las palomas, estaba yo también, con mi Magnum doble chocolate derritiéndose en manos y boca. Mareada entre la multitud de cabezas y de plumas, de máscaras y de marionetas de Pinocho, de edificios antiquísimos y de estatuas. Venezia, Venezia! Pronunciado como “pizza”, pronunciado con” t-s”. Ciao beliiísima… me decía Marchelo. Ojalá Venzia te enamore la la.

Y me enamoró. Pero no esa Venezia, sino la del lado reverso de la postal. Más alejado del centro histórico, en un barrio de casas de altos y bajos, de colores naranjas y amarillos, en una calle sin turistas, dos viejas intercambian –cada mañana – sus chismes del barrio. Enfrentadas, de balcón a balcón, cada una sentada en su reposera. En el medio, aire; en el medio, curiosidad y la ropa de sendas familias, colgada en ténderes que unen edificios. Abajo, un chiquito pasa en bicicleta, otro patea una pelota. Más allá, una gorda pasea a un perro más enano que una rata. Y un viejo, con pucho en boca, vuelve del supermercado, saluda al vecino, le responde ofuscado a su amigo sentado en un bar.

Ay! Esa Venezia colorida y florida… ruidosa, aunque nadie esté en las calles. Porque las ventanas están todas abiertas, porque los italianos hablan a los gritos. Bienvenido a Venezia, bienvenido a Italia, te decís a vos mismo. Y con una sonrisa que no podés evitar, te sentís adentro de cualquier película italiana, clásica o nueva… pero siempre los italianos con ese encanto característico.

Ojalá Venezia te enamore, entonaba Marchelo. Si fuera Buenos Aires, le cantaría un tango, le cantaría Balada para un Loco. Piantao, piantao, piantao por las callecitas de Venezia con ese no-se-qué. Vení, volá, vení, retumbaría la voz de Marchelo entre paredes y canales de Venezia.

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DATOS ÚTILES

–          Cómo llegar: pasaje de avión (Ryanair) desde Dusseldorf, Alemania, a Venezia, € 17. Una vez en el aeropuerto, hay dos o tres compañías de buses que te dejan en la ciudad por € 5. Ahí te tomás un vaporetto (barco colectivo, € 6,5) hasta la parada de tu hostel.

–          Dónde dormir: Ostello Venezia, €23 dorm de 12 personas. Desayuno incluído, aun que deja mucho que desear. En mi caso, mi cama estaba al lado de la ventana, y la ventana daba al agua. Amaneceres y atardeceres imperdibles! Super limpio. Cobran por internet, incluso si solo querés WIFI (€2,5 todo el dia)

–          Cómo moverse: por vaporetto. Es caro el pasaje, por eso lo mejor es sacar billete por 24 horas o por días. Siempre vas a ahorrar plata de esa manera. Vaporetto por 24 horas: € 18. Podés tomarte la cantidad de vaporettos y de veces que quieras.

–          Comer: Venezia es bastante cara, hay miles de opciones. Si estás con bolsillo apretado, pensá en comer sandwichs y focaccias. También venden pizzas por porción.

–         Cómo irse: el tren es muy buena opción y no muy cara en Italia. De Venezia a Udine (en la región de Friuli también) me tomó dos horas y me costó € 9. Hay vaporettos que te dejan en la estación de tren. Sacás el ticket al momento y te vas a donde quieras. Quizás tenés que hacer combinaciones pero es bien fácil.

– Por cuántos € vivir por día: cómodo €70, aunque podés bajarlo a 50 si comés solo sandwichs y si no te comprás nada además de comida.

6 Responses to Ojalá Venezia te enamore

  1. […] Actualizados : Ojalá Venezia te enamore Un paseo por el Friuli Un paseo por Hola landa La vida de los […]

  2. leandro dice:

    hola, como estas… increible todo lo q contas. espero leer los prox post, y seguir tomando nota para luego irme..beso!!! hoy, desde el norte Argentino

  3. mechi dice:

    mari!! la de la ultima foto sos vos??!! te enamoraste de un tanoooo!!!!

  4. gabsys dice:

    Italia, lo mas…

    • Marina Kempny dice:

      bien completito como país! buena comida, buen vino, buenos paisajes, playas paradisiacas, los tanos que son siempre tan agradables…

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